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domingo, 13 de agosto de 2017

Busquemos a Dios en el silencio

Lecturas del Domingo 19º del Tiempo Ordinario - Ciclo A (enlace)

Las lecturas de este décimo noveno domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A) nos invitan a buscar a Dios en el silencio… tomemos el ejemplo del mismo Jesús, que siempre se apartaba a solas y en silencio para orar y comunicarse con el Padre; también los ejemplos de Elías y Moisés que subieron al monte de Dios para entrar en contacto con Él. Aunque se piense lo contrario, los seres humanos tenemos la capacidad para acallar los ruidos del exterior- hacer silencio dentro de nosotros, centrar nuestros pensamientos y buscar la paz en nuestro interior; ahí es donde obra el Espíritu Santo. Por supuesto, ayuda mucho un ambiente de recogimiento, disposición para orar y querer escucharle. No esperes que llegue a ti como disturbio, ni como tormenta, ni como una gran ráfaga de viento impetuoso. Él llegará a tu corazón como brisa suave, cálida y acogedora… en el silencio de tu interior.

Eso es precisamente a lo que Dios nos invita hoy… a descubrir qué es lo que Él quiere de nosotros en medio de las dificultades, a escuchar a Dios en medio de la tormenta. Solo necesitamos aprender a silenciar ese tumulto de ideas, ansiedades y pensamientos que nos agobian, y nos hace flaquear o dudar de su amor. Pensemos en Pedro y los demás discípulos, cuando Jesús se les acercó caminando sobre las aguas en medio de fuertes vientos, diciéndoles que no tuvieran miedo. Como dijo Padre Jairo Salazar en la liturgia de ayer sábado: "Dios tiene el control de nuestras vidas, nos ama y nos invita a confiar en Él". No perdamos la fe, como Pedro, en ese momento de dudas cuando bajó de la barca y echó a andar sobre las aguas. Acercándose a Jesús, sintió la fuerza del viento, le dio miedo y comenzó a hundirse. ¿Por qué dudó? Porque en su corazón había un mar de problemas que con fuerza lo tenían cautivo y no podía darse cuenta de que Dios estaba con él; precisamente el mismo mar de problemas que agobian actualmente a la humanidad. Somos hombres y mujeres de poca fe.

Recordemos que Jesús le extendió la mano a Pedro, lo agarró para que no se hundiera, e inmediatamente que subieron a la barca el viento se aplacó. Hoy, al igual que a Pedro, Dios nuestro Padre, nos hace una extensión de su amor… nos ha enviado al Espíritu Santo para sujetarnos y que no sucumbamos ante las adversidades. Nos toca invocarlo y sentir su presencia en nuestras vidas como brisa suave. También "envía a sus ángeles para ayudarnos, pero tenemos que aprender a fiarnos de su santo espíritu y de Jesucristo nuestro Señor, nuestro salvador, el amigo que nunca falla" (Salazar, 2017). No condicionemos la salvación que Dios nos ofrece, por el contrario aceptemos que Él está en nosotros y confiémosle nuestras vidas.

Quiero hacerles una petición especial, cuando entren en su aposento y en el silencio, oren especialmente por la restauración de la paz en el mundo. Cristo nos pide hoy que nos mantengamos unidos en oración y nos acerquemos más a Él. Así sea.

domingo, 21 de mayo de 2017

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 8, 5-8. 14-17

Primera Lectura 

Les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. La multitud escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los milagros que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos, lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados quedaban curados. Esto despertó gran alegría en aquella ciudad. 

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan. Estos, al llegar, oraron por los que se habían convertido, para que recibieran el Espíritu Santo, porque aún no lo habían recibido y solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pedro y Juan impusieron las manos sobre ellos, y ellos recibieron el Espíritu Santo. 

Palabra de Dios.
(Referencia: Misal de Monterrey)
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Destello de Luz



La imposición de manos

Tiene varios significados: la bendición de Dios que por fe discernimiento del Espíritu Santo transmitimos a otros, especialmente cuando se ora en grupos; "en el momento de la consagración manifiesta el poder maravilloso de los sacerdotes de convertir el pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo" (Catholic.net). La imposición de manos no tiene poder en sí misma, pero si puede ser bien utilizada cuando se hace de corazón y de acuerdo con la palabra de Dios colocando las manos sobre la cabeza de una persona, lo que puede significar en muchos pasajes de la biblia el invocar y transmitir sobre ella el don del Espíritu Santo.

domingo, 14 de febrero de 2016

Tú eres mi Dios y en tí confío...

Hagamos eco a las palabras del Papa Francisco durante la homilía de la Misa multitudinaria en el Centro de Estudios de Ecatepec, México.

Solo Dios es nuestra fortaleza... solo el Espíritu de Dios es nuestro refugio. Repitamos (3 veces) como dijo el Papa Francisco "Tú eres mi Dios y en tí confío...




domingo, 4 de octubre de 2015